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THE LORD IS NEAR 2020

 
23/09/2020

Wednesday



September



23



When I call to remembrance the genuine faith that is in you, which dwelt first in your grandmother Lois and your mother Eunice, and I am persuaded is in you also.       

2 Timothy 1:5

NKJV



Paul and Timothy (2)—Remembering His Genuine Faith



Paul’s remembrance of Timothy’s tears was connected to another happy memory: the remembrance of his genuine faith. This faith had a “history” so to say in his family. Paul had recognized it in Timothy’s mother Eunice, and his grandmother Lois as well. Is faith something our children inherit from us? Of course not. Every generation has to be converted individually and has to lead their own lives of sincere faith. But if children can see in their parents and grandparents such genuine faith and confidence in God, this may lead them to the Lord and Savior themselves. Living faith that produces sincere faith in a following generation is a precious sign of God’s grace.



How blessed it would be if our children said, The faith I have seen in my parents’ lives is something I want to imitate in my own life. Paul remembered Timothy’s tears as well as his genuine faith. An “earthen vessel” and a “genuine faith” do not exclude each other. It is exactly this faith, this trust in our Lord that helps us in our weaknesses and troubles. Therefore Paul could go on to say to Timothy: “I remind you to stir up the gift of God which is in you through the laying on of my hands. For God has not given us a spirit of fear, but of power and of love and of a sound mind”

(vv. 6-7)

.



The situation of Timothy may be very familiar to us. Are you experiencing a sad situation and feel a lack of energy? These two memories of Paul, tears and genuine faith, can encourage us. In our life we will come across situations that make us sad or hurt in our souls. But sincere confidence in our living God and Father is a sure basis that can give our life strength and our service constancy.



Michael Vogelsang








23/09/2020

Miércoles 23 Septiembre

Las cosas que me han sucedido han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. (Filipenses 1:12-13)

ANUNCIAR EL EVANGELIO Y PROCURAR SU PROGRESO

¿Cómo pudo el encarcelamiento de Pablo redundar para el progreso del evangelio? Él estaba encadenado a un soldado romano, el cual, aunque quisiera, no podía dejarlo. Pero, diariamente, cada vez que había cambio de guardia, un nuevo soldado escuchaba el evangelio. No sabemos con certeza que era el “pretorio”. Probablemente no se trataba del palacio imperial, sino más bien del palacio de la gran «Guardia Pretoriana», cuyos cuarteles estaban en un campa- mento fortificado ubicado en el lado oriental de Roma. Se dice que estaba constituida por 10.000 hombres de élite, todos italianos de nacimiento. Luego de terminar su guardia, cada soldado volvía a su barraca y, probablemente, les contaba a sus compañeros acerca del extraño prisionero que había estado custodiando: no era un criminal ni un preso político; era un prisionero por causa de Cristo. Todos

habían visto como las cadenas de Pablo eran “en Cristo”.

Por la misericordia de Dios, tu y yo no estamos encadenados a nadie, pero todos los días estamos en contacto con muchas perso- nas. Vamos a la escuela o al trabajo; vamos de compras; viene el cartero. Preguntémonos: ¿Es evidente para las personas con las que entro en contacto que pertenezco a Cristo? ¿Estas relaciones diarias redundan para el progreso del evangelio?

Recuerdo a un jovencito que fue utilizado para llevar a un comer- ciante a Cristo; él le daba un tratado cada vez que iba a su tienda de revelado fotográfico. Al principio se burlaba de él, pero él mismo me contó que este jovencito había sido realmente el instrumento utilizado para su conversión. Una vez convertido, él solía abrir su tienda para realizar reuniones de evangelización por la tarde, ¿y quién sabe cuántos más se convirtieron?

C. Willis