BELIEVERS BOOKSHELF CANADA INC.

THE LORD IS NEAR 2020

 
05/07/2020

Lord’s Day



July



5



But being full of the Holy Spirit, having fixed His eyes on heaven, he saw the glory of God, and Jesus standing at the right hand of God, and said, Lo, I behold the heavens opened, and the Son of man standing at the right hand of God.       

Acts 7:55-56

JND



Christ at the Right Hand of God (6)



We find at the end of Acts 6 that Stephen is brought before the Jewish council. They intend to pass judgment upon him, but in fact, the tables are turned. Filled with the Holy Spirit, Stephen, in chapter 7 presents an indictment upon them of always resisting the Holy Spirit, and now rejecting the Just One, even as their fathers had rejected Joseph and Moses.



So powerful and irrefutable is this word that all the rulers can do in their fury is to take Stephen out to stone him.



It has often been noted that this reaction of the rulers is really the fulfillment of the Lord’s parable in Luke 19, where He said that the nobleman’s citizens would send a message after him, saying: “We will not that this man should reign over us”

(v. 14)

.



The calmness of Stephen in this scene is quite remarkable. What is his secret? His eyes were fixed on another scene outside this world altogether. He began his discourse before the council speaking of the God of glory, and now he sees Jesus standing at the right hand of the glory of God!



Why is the Lord standing at God’s right hand here? We know that He is seated as far as the work of redemption is concerned

(Heb. 10:12)

. It may indicate His readiness to return to bless His earthly people Israel if only they would have received Him as the exalted Christ

(Acts 3:19-21)

. But could it also be that He was standing there ready to receive Stephen, so soon to be martyred, to Himself? Stephen, like his Master, was rejected by earth, but was to be received by heaven. Not angels were there to welcome him, but the blessed Lord Himself. “Absent from the body and present with the Lord”

(2 Cor. 5:8)

.



Kevin Quartell








05/07/2020

Día del Señor 5 Julio

Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. (Mateo 3:17)

JESUCRISTO, EL HIJO MUY AMADO DEL PADRE

El Padre nos dio a Aquel en quien se complace para que también sea el objeto de nuestros corazones. Cuando Cristo estuvo en este mundo, el Padre no pudo mantenerse en silencio. La perfección del Hijo es la razón de porqué nuestra comprensión de su Persona es tan imperfecta; pero así es como Dios pone en sintonía nuestros corazones consigo mismo. Dios dijo: “Este es mi Hijo amado” al comienzo de su ministerio, para así dar testimonio de su perfección; y también al final de su ministerio, para así expresar la perfección de su camino sobre la tierra. A pesar de nuestra debilidad y pobreza, cada uno de nosotros puede decir sin vacilación: «Sé que Cristo es perfecto». Obviamente, no podemos sondear su perfección, pero podemos sentir cómo nuestros frágiles corazones responden ante tal verdad. Al expresar su complacencia, el Padre nos ha mostrado algo de las perfecciones de Cristo. Él dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, no en quien ustedes deben compla- cerse (lo cual obviamente también es cierto); pero lo que Él hizo fue transmitirnos su propio amor a Cristo. Es maravilloso que el Padre haya expresado audiblemente su amor por Cristo mientras Él estaba entre nosotros como el Hijo del hombre.

La mujer pecadora que estaba en la casa del Fariseo “amó mucho” (Lc. 7:36-50), pero no debido a lo que ella logró captar de Cristo, sino a causa de lo que le fue revelado en Él. La bendición de lo que estaba en Cristo la atrajo tanto que ella logró entrar en la casa, sin importarle la cena ni las otras personas presentes. Ella quedó cautivada con su Persona; lloró y no tuvo que decir nada. Jesús estaba allí y Él dominaba todos sus pensamientos, lágrimas, silen- cio, sus movimientos al lavar sus pies—Él había considerado todo (vv. 44-46); y todo esto lo supo desde antes que ella comprendiese lo que Él había hecho por ella. Atraída a aquel lugar por lo que había visto en Él, ella obtuvo la respuesta que buscaba: “ve en paz” (v. 50).

W. C. Reid